Hola queridos míos:
Anoche mi hija Gabriela y yo leímos el mensaje de cuaresma de nuestro Papa Benedicto XVI. Siempre que leo sus escritos, quedo impresionada por la claridad y fuerza de pensamiento y la sencillez penetrante con la que él es capaz de expresarse. ¡Benedicto es un gran maestro! Mi hija se fue a dormir y yo me quedé leyendo otros artículos.
Cuando me vine a dar cuenta, eran las dos y pico de la madrugada. Cerré abruptamente todo y me fui rápido a la cama, pensando en lo difícil que es realmente ser Papa. Me fui pensando en la gran responsabilidad que tiene el Sumo Pontífice para mantener la universalidad de la Iglesia sin comprometer su valor absoluto como es la VERDAD en la Persona de Cristo Jesús. Me fui pensando en lo difícil que es mantener la unidad del cuerpo místico de Cristo, la fe, la tradición, la interpretación de la Palabra de Dios en el contexto histórico de los tiempos, la unidad litúrgica que en medio de nuestras diferencias regionales, culturales, raciales, étnicas nos hace ser realmente una sola iglesia universal, verdaderamente apostólica y romana. Realmente el Papa como ser humano no puede hacer esta labor. El Espíritu Santo es quien la realiza a través de él.
Me quedé dormida pasada las siete de la mañana y me despertó un mensaje de texto desde Italia: “¡El Papa renunció!” Mi primera reacción fue pensar que todavía estaba dormida. Después lo primero que me pasó por la mente es que había sucedido algo grave. Inmediatamente me fui a las noticias seculares por más rápido y el susto fue confirmado. Las lágrimas me brotaron espontáneamente. No podía creerlo. Estaba estupefacta, sobre todo por los artículos que había leído de él en la madrugada y los pensamientos con los que me fui a dormir.
Hice todo lo que normalmente hago todas las mañanas, pero estaba como en automático y en cámara lenta. Mil pensamientos se me atravesaron. Cuando por fin pude sentarme tranquila en casa hace un par de horas, vi el video donde el Papa renuncia y luego escuché la rueda de prensa que sostuvo el vocero del Vaticano, el Padre Federico Lombardi.
Y aquí estamos los católicos romanos a la expectativa de un nuevo pontífice para el final de la cuaresma. Me parece tan increíble…
Estoy mucho más calmada ahora que ya sé que la renuncia del Papa Benedicto no está ligada a ninguna crisis en específico, no está ligada a una enfermedad repentina, no tiene nada que ver con las dificultades que ha tenido que enfrentar en su pontificado. Simplemente está cansado, sus años le pesan, es muy consciente de la fortaleza física y espiritual que requiere el papado.
Nuestro Papa es un hombre digno, inteligente, humilde, pragmático, y muy realista. Ha tomado una decisión con serenidad admirable, como dice Lombardi, y que destaca su personalidad y su estilo.
Ahora no nos queda más que orar y pedirle al Espíritu Santo que nos regale un nuevo Papa según las necesidades actuales de nuestra iglesia.
Dios les bendiga a todos!! Con afecto en Cristo Jesús y María Santísima, Sara T.