Consumiendo la PALABRA hecha carne y la PALABRA en las Escrituras Biblicas

La salvación viene por medio de una alianza—una ALIANZA incorporada en una PALABRA, una PALABRA hecha CARNE, una PALABRA que se CONSUME [se come].—Scott Hahn, Consuming the Word (pg.6).

Consumiendo la PALABRA escrito por Scott Hahn

Acabo de terminar de leer Consuming the Word (Consumiendo la Palabra por su traducción al español). Este es un libro estupendo escrito por el escolar y apologista Dr. Scott Hahn, ex-pastor protestante convertido al catolicismo a través de su estudio e investigación intensa de las escrituras y la tradición apostólica o patrística—en referencia a los Padres de la iglesia quienes recibieron instrucción directa de los apóstoles de Jesús. La cual ha sido depositada y conservada por la iglesia católica desde que Jesús escogió a Pedro como pastor de su iglesia.

Siento pena que este libro aun no está traducido al Español.  Consumiendo la Palabra ha suscitado en mí un gozo interior al contemplar en su lectura la riqueza profunda de nuestra Iglesia Católica Romana. La mayoría de católicos no conocemos la fe que hemos recibido de la iglesia a través del sacramento del bautismo y por efusión del Espíritu Santo de Cristo.

Muchos se han desanimado por no entender el valor litúrgico de la misa, y otros nos hemos sentido frustrados por no poder explicarlo elocuentemente.  La misa tiende a ser percibida como un montón de “rituales” y “tradiciones” aburridas y que no están estipulados en las Escrituras. Consumiendo la Palabra me ha ayudado a entender esto más concretamente y a llenarme de fascinación al contemplar cómo el Antiguo Testamento llega a la plenitud y se realiza en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, observen la resonancia que aquí es evidente:

1Y me dijo: «Hijo de hombre, come lo que se te ofrece; come este rollo y ve luego a hablar a la casa de Israel.» 2Yo abrí mi boca y él me hizo comer el rollo, 3y me dijo: «Hijo de hombre, aliméntate y sáciate de este rollo que yo te doy.» Lo comí y fue en mi boca dulce como la miel. — Ezequiel 3: 1-3

8Y la voz de cielo que yo había oído me habló otra vez y me dijo: «Vete, toma el rollo que está abierto en la mano del Angel, el que está de pie sobre el mar y sobre la tierra.» 9Fui donde el Angel y le dije que me diera el rollo. Y me dice: «Toma, devóralo; te amargará las entrañas, pero en tu boca será dulce como la miel.» 10Tomé el rollo de la mano del Angel y lo devoré; y fue mi boca dulce como la miel; pero, cuando lo comí, se me amargaron las entrañas. — Apocalipsis 10: 8-10

Este libro nos hace ver con claridad que la Misa o Eucaristía que celebramos los católicos es tomada absolutamente de todas las Escrituras. Para muestra un botón:

41Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo.»42Y decían: «¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora: He bajado del cielo?»43Jesús les respondió: «No murmuréis entre vosotros.44«Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día.45Está escrito en los profetas: Serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.46No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre.47En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna.48Yo soy el pan de la vida.49Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron;50este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera.51Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.»52Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»53Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.54El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día.55Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.56El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él.57Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí.58Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre.»59Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.60Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?»61Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: «¿Esto os escandaliza?62¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?…—Evangelio de San Juan 6:41-62

 

Juan escribe sobre el “pan bajado del cielo” que “da la vida al mundo. Jesús habla de su carne como verdadera comida y habla de su sangre como verdadera bebida; los que le escuchaban entendieron estas palabras literalmente.  Si hubiese sido de otra manera, las reacciones en su audiencia no hubiesen sido de gran sorpresa.  Además, muchos que le escucharon decir esto pensaron que estaba loco y dejaron de seguirlo.  Jesús es el Pan bajado del cielo en la Eucaristía.

6Y oí el ruido de muchedumbre inmensa y como el ruido de grandes aguas y como el fragor de fuertes truenos. Y decían: «¡Aleluya! Porque ha establecido su reinado el Señor, nuestro Dios Todopoderoso.7Alegrémonos y regocijémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su Esposa se ha engalanado8y se le ha concedido vestirse de lino deslumbrante de blancura – el lino son las buenas acciones de los santos». -9Luego me dice: «Escribe: Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero.» Me dijo además: «Estas son palabras verdaderas de Dios.»Apocalipsis 19:6-9

En este segundo, Juan escribe sobre las Bodas del Cordero en el cielo que es nada más y nada menos que un banquete donde las promesas esponsales entre Cristo y su Iglesia llegan finalmente a su plenitud. No nos suenan familiares esas palabras como: “Dichosos los invitados a esta cena”.  Nosotros los católicos le damos a Dios toda la gloria en la misa y participamos del banquete de su cuerpo y su sangre que nos dan vida y vida eterna.

Pero eso no es todo.  En el Antiguo Testamento encontramos miles de presagios que hablan de Jesús.  Muchos lo sabemos, pero no lo hemos estudiado, no lo hemos comprobado a través de la lectura seria y constante.  Tenemos que leer la Palabra para conocer a nuestro Dios, conocer su voluntad, descubrir la historia de nuestra salvación.

Termino con las atrevidas palabras del Papa Emérito Benedicto XVI:

Palabra y Eucaristía están tan profundamente ligadas que no podemos entender una sin la otra: la palabra de Dios, sacramentalmente se encarna en el evento de la Eucaristía.  La Eucaristía nos abre a un entendimiento de la Escritura, justamente como la Escritura, por su parte, ilumina y explica el misterio de la Eucaristía.  A menos que reconozcamos la presencia real de nuestro Señor en la Eucaristía, nuestro entendimiento de las Escrituras permanece imperfecto.

Bendiciones a todos!!! Cariños, Sara T.

 

 

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